11.4.12
12.1.12
Poema XXXIV - 2001
Cansancio como de sequía de garganta.
Cansancio, como de esparto interminable.
Cansancio, como nunca, de encía
prometida, de verbo calvo en plena
juventud, juventud reptante.
Soga al cuello desdoliendo: tu abrazo.
Mi pena de camino erecto.
Mi antes sin la axila perfecta de tu cuerpo.
(Estoy tan abierto que la gente pregunta
por los metros cuadrados de mi estancia.
Pero tú eres más bien profunda, más bien
inclinada a las cosas buenas del abismo)
En mi cansancio sigo:
De mi voz nace el tiempo.
De mi único labio, sin partir,
viene el aire de tu aliento
(alguien dice que cantando)
Fácil olvidar a Dios
en el reverso de tus manos
sin comienzo.
Yo tengo un lloro que habla
y mi canto me da en los dientes
devuelto en piedra.Pragajoz, 2001
Poema XXI - 2001
Dejemos la poesía para otro día:
Si me das la espalda te morderé
las nalgas doradas. Si de frente
vienes, te lameré los dientes del alma
la extensión gozosa de tu vientre
los esperados labios donde la muerte
acaba en nacimiento de humedad
última, reclamo dulce, brillo cierto.
Si llegas enarbolando tu risa,
la más primigenia, respiraré voraz
el calor de tu aliento, esconderé
la poesía para otro día, como dije,
y beberé tu saliva de animal
sagrado, y así callarás y ya muda
absorberé tu silencio de llanura
ancha, abierta, amenazante.Pragajoz, 2001
Poema VIII - 2001
Pensé, yegua, en tu cuerpo
de mantequilla dura que se funde
bajo el calor de las manos.
Pensé, pulpa, en la forma
de tus costillas desnudas,
lamidas por los perros de mi carne.
Te pensé en el idioma
de los almíbares, esa tribu
cuyas hembras rezuman
dulces menstruos nutritivos.
Y ahora escribo para ponerme al día,
para poner tu cuerpo en evidencia.
Preparado para beber la leche, zorra,
que corre segura por tus venas,
te traduzco a estos versos, Vida,
cuando debería gruñir, rezongar,
aullar aunque no me entiendan.
Me gustaría haberte parido, lamer
mi sangre de tu rostro, gata,
y después poseerte, caer en ti,
vivir en el fondo último de tu abismo.Pragajoz, 2001
24.12.11
BOSQUE
Masticando el muérdago. El bosque, aquí,
millones de árboles que no tendrán nombre.
Penumbra poseedora de las almas.
Perdidos, arrastramos un halo de ruidos
que despiertan pájaros milenarios,
resbaladizos musgos heridos, plantas
suspirando la amenaza de un olvido
eterno; bosque dormido reflejándose
en el espejo de la tierra espesa:
raíces o rumor del secreto, abajo,
apelmazadas sin el amor del aire,
abajo, aquí, entre mis pies
y el centro del mundo: raíces
o el poder de la esencia retorcida
en un amasijo
de barros sin vida.
Plenitud del descanso. Aquí amanece.
Allí dentro las cortezas rugosas
recuerdan la vida de los tiernos tallos.
Salimos. Estamos en la frontera.
Atrás queda un rumor de vida sin nombre.
Olomouc. Diciembre 1990.
Olomouc. Diciembre 1990.
20.12.11
DESCENDENCIA
El niño, todavía ausente,
recuerda que va a ser padre
un día. Entonces llora semen,
porvenires, a moco tendido.
Ser padre o hijo,
es hereditario, eterno,
transferible, vitalicio,
prorrogable
y a renglón seguido.
La vida es crónica:
En cadena contamos acciones,
libros, hectáreas de versos
de secano o regadío, toneladas
de gametos en camino:
Ciegos. Lactancia siempre
latente en lo anciano y viva
en lo viejo, siempre succionando
la misma leche antigua y reciclada.
¿Para qué prolongar la saga
de inocentes desheredados?
Pregunta de siempre.
¿Para qué seguir dando
a luz dos pájaros de un tiro?
No vengas, hijo. Quédate
en la lista de espera acurrucado:
No trasciendas. Vence.
Hazte fuerte. Hazte luz cerrada
en el vientre suspendido:
Pues aquí sólo te aguarda
el dolor indolente de lo vivo;
la culpa en soledad
de haber nacido al presente;
niña o niño, hacedme sitio:
Refluyo, regreso, me rescindo.
Pragajoz, 13 marzo 2003
REYES MAGOS
Esta cabalgata
ha sido breve:
Pasaron los Reyes
Magos los niños
congelados, años,
sobre los hombros
de sus padres.
Y la vida sigue.
(Escucho un dime
para el que no tengo
versos.)
He visto tus labios
entreabiertos...
Y la duda sigue.
En su camello.
Calle abajo.
Pragajoz, 5 enero 2003
9.9.11
29.8.11
29.7.11
La carpa
No sabemos cómo, pero la carpa
sale del agua, boqueando, cargada
de poesía. La carpa recita en silencio
el poema social de la asfixia:
pura lírica de la experiencia. La carpa
ahonda en la expresión
con la mirada fija de lo que muere.
Vomita jeroglíficos alejandrinos,
estertores que quieren ser idioma.
Ha sido un instante, y sin saber cómo,
la carpa, ya ligera, regresa al agua.
Todo vuelve a la quietud.
La superficie del lago refleja
una muda multitud,
alejándose.
sale del agua, boqueando, cargada
de poesía. La carpa recita en silencio
el poema social de la asfixia:
pura lírica de la experiencia. La carpa
ahonda en la expresión
con la mirada fija de lo que muere.
Vomita jeroglíficos alejandrinos,
estertores que quieren ser idioma.
Ha sido un instante, y sin saber cómo,
la carpa, ya ligera, regresa al agua.
Todo vuelve a la quietud.
La superficie del lago refleja
una muda multitud,
alejándose.
18.5.11
El amor, ese animal dormido. Poema V
Este azul estar de mutuo acuerdo
tan endecasílabo al comienzo
tan oloroso a galaxia recién parida…
Alcanzar el sentido: rozar con la yema
de los verbos ese clítoris permanente:
la vida que emerge y responde,
el ombligo tierno de lo perfecto.
Llamo resplandor a lo que lejos
suena tras el aire (esquilas, valle,
cencerros regresando). Llamo rumores
a lo que brilla a mis pies traído
por las olas, llevado de nuevo más allá
de la espuma presente: meteoro diluido.
Veo rocas preñadas de musgo y siento
el sabido calor del diamante en la boca
y en cada una de las articulaciones
del cuerpo con la tierra: rodillas y codos
del hombre burro pensativo en su trono,
bisagras del desconocimiento.
Vuelvo a nombrar el pellejo de las cosas
y no hay respuesta. Tan sólo un amago
de luz retraída en el vertedero
de la conciencia.
tan endecasílabo al comienzo
tan oloroso a galaxia recién parida…
Alcanzar el sentido: rozar con la yema
de los verbos ese clítoris permanente:
la vida que emerge y responde,
el ombligo tierno de lo perfecto.
Llamo resplandor a lo que lejos
suena tras el aire (esquilas, valle,
cencerros regresando). Llamo rumores
a lo que brilla a mis pies traído
por las olas, llevado de nuevo más allá
de la espuma presente: meteoro diluido.
Veo rocas preñadas de musgo y siento
el sabido calor del diamante en la boca
y en cada una de las articulaciones
del cuerpo con la tierra: rodillas y codos
del hombre burro pensativo en su trono,
bisagras del desconocimiento.
Vuelvo a nombrar el pellejo de las cosas
y no hay respuesta. Tan sólo un amago
de luz retraída en el vertedero
de la conciencia.
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